Tal día como, un 7 de octubre pero del 1849,
muere en la ciudad de Baltimore, Edgar Allan Poe. El
genio contaba apenas con cuarenta años de edad. La causa exacta de su muerte
nunca fue aclarada. Se atribuyó al alcohol, a congestión cerebral, cólera,
drogas, fallo cardíaco, rabia, suicidio, tuberculosis y otras causas. La figura
del escritor, tanto como su obra, marcó profundamente la literatura de su país y puede decirse que de todo el
mundo. Ejerció gran influencia en la literatura simbolista francesa y, a través
de ésta, en el surrealismo, pero
su impronta llega mucho más lejos: son deudores suyos toda la literatura de fantasmas victoriana y, en
mayor o menor medida, autores tan dispares e importantes como Charles
Baudelaire, Fedor Dostoyevski, William Faulkner,Franz Kafka, H. P. Lovecraft,
Ambrose Bierce, Guy de Maupassant, Thomas Mann, Jorge Luis Borges, Clemente
Palma, Julio Cortázar, etc.
El poeta nicaragüense Rubén Darío le dedicó un
ensayo en su libro Los raros. Poe hizo incursiones asimismo en campos tan
heterogéneos como la cosmología, la criptografía y el mesmerismo. Su trabajo ha
sido asimilado por la cultura popular a través de la literatura, la música,
tanto moderna como clásica, el cine (por ejemplo, las muchas adaptaciones de
sus relatos realizadas por el director estadounidense Roger Corman), el cómic,
la pintura (varias obras de Gustave Doré, v. gr.) y la televisión (cientos de
adaptaciones, como las españolas para la serie Historias para no dormir). (Vid.
Repercusión de Edgar Allan Poe)

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